jueves, marzo 23, 2006

Los Prisioneros, 1986


Frente a la puerta principal de la casa central de la Universidad Católica de Valparaíso, son las 6 de la tarde de un dia de Junio, y acabo de llegar de hacer clases. Karen, mi polola de ese tiempo, está con un grupo de alumnos del colegio donde enseña. Ni bien saludo me ofrecen un vaso whiskero lleno de un cognac de dudosa procedencia, el cual bebo de un solo y largo trago. Hay risas y comentarios sobre la buena onda que es tener dos profes que comparten de esa forma con los alumnos. Como no he comido nada desde el almuerzo, el vaso de cognac hace su efecto rápidamente, y... el frio de Junio desaparece en pocos minutos. Alguien me pasa un pito que ha sido aspirado por varios integrantes del grupo antes, y procedo a inhalar profundamente dos veces. Los humos de cannabis aumentan el efecto previo del cognac, y así empiezo a sentirme parte integral del grupo, que en realidad son conocidos de Karen. Después de haber terminado un par de pitos comunitarios y otra botella de cognac, entramos al gimnasio de la Universidad, dentro del cual, repartidos por la carpeta de madera y en las graderías, hay muchos asistentes al concierto en el cual se van a presentar dos de las más exitosas bandas de rock del momento. Entre las imágenes que aparecen como flashes al deambular por el gimnasio, repentinamente nos encontramos formando parte de un círculo en el cual todos parecen conocerse, y en el cual pasan de mano en mano diversas botellas y cajas de ron, vino, y una que otra bebida, además de muchos porros que uno de los integrantes del círculo se esmera en repartir entre los que esperan. Sin que haya anuncio previo, y cuando ya el gimnasio está lleno al tope, se escuchan los primeros acordes de Calibraciones, y Aparato Raro empieza a telonear, entre la ovación de todo el gimnasio, que se mueve rítmicamente coreando la mayoría de los temas que interpretan. Después de 45 minutos, se retiran entre aplausos, y no pasan 10 minutos antes que aparezcan los tipos que todos hemos estado esperando. El riff de Claudio Narea hace rugir al gimnasio y todos empezamos a cantar "Algo grande está naciendo/ en la década de los ochenta/ ya se siente en la atmósfera/saturada de aburrimiento...", llega el coro y las voces gritan "Ya viene la fuerza/ la voz de los ochenta...y Los Prisioneros nos sumerjen en un frenesí de riffs, letras políticamente incorrectas, fuerza y desparpajo de ídolos de rock frescos, y una efímera sensación de libertad que se apodera del gimnasio,mientras en Valparaíso aún persiste la restricción vehicular y la DINA acaba de arrestar al presidente de la federación de estudiantes por participar en una marcha no autorizada...
Hace como dos semanas, lo que quedaba de Los Prisioneros decidieron terminar con un acto ya gastado hace tiempo, a la manera de Jorge González, pero esa noche de Junio, yo estuve ahi...y la historia comenzaba...

1 comentario:

Carolcita dijo...

Interesante la experiencia. A toda nuestra generacion le marco profundamente el estilo musical de la banda, y si sumamos a ello los vaivenes politicos de esa epoca, toda su produccion era impactante y contundente, nadie quedo ajeno al paso de su fenomeno. Obvio que ahora, estando un poquito mas crecidos, aquellos temas viejos de culto, casi de memorabilia nos traen de regreso aquellos episodios del pasado, en fin solo basta que se encienda una pequeña chispa, un click que nos haga ir marcha atras para que nuestro cerebro haga un rewind casi de una manera frenetica e instantanea y tan solo por un momento estamos casi alli de nuevo, en los viejos tiempos.

P.D. : Querido Amigo, no olvides hacer un post acerca de la "cesantia" en nuestro pais. Si somos capaces de crear consciencia, de hablar de lo que a muchos nos aqueja cada dia, se nos sumara mucho mas gente en la expresion de nuestro descontento y probablemente seamos escuchados por aquellos que se proclaman poderosos, eso es todo, gracias y nos vemos... :D